He llegado de trabajar y como siempre nada esta en su sitio, a pesar de que él, mi nominalmente marido, ha tenido el día libre. También mi hija mayor, oficialmente universitaria de primer año.

Tengo la angustiosa sensación de que el sol no me toca. Brilla sobre mí, alargando un verano imposible y muerto. Mi piel conserva ese color intensamente moreno. Mis ojos, mi cuerpo, mi boca son los mismos, pero no mi mirada.