Son las seis de la mañana. Acabo de levantarme, aunque hoy le queda una hora para que suene el despertador. Un café para despejarme y contar de alguna forma lo que no puedo contar a nadie. Nunca me había dado cuenta de lo sola que estoy. Mis pensamientos siempre han sido míos, nunca pensé en compartirlos. no de la forma en que lo hice con él. Nunca pensaba que un pensamiento, un sueño, una divagación era demasiado tonto para contárselo.

¡Basta! No quiero caer otra vez en sólo ver lo que me gusta. No puedo olvidar que utiliza cualquer arma que yo le haya dado. Cualquier debilidad, cualquier miedo oculto, para herirme.

Me preguntaste, borracho, si me acostaba con mi marido. El domingo después de habernos visto, de habernos tocado, amado, susurrado, abrazado. "Tengo derecho a ello" Tal vez sí, pero no a destruirme.

Sé que ese "Sí" te dolió, te ofendió y casi puedo saber lo que pensaste. "Te follas a ese que no sé como llamarlo" No pude decirte que no es así. Que es todo lo contrario, que el me folla a mi, que no me reconocería en ese acto sin besos. En esa mujer que se separa al finalizar, que se acurruca en el borde de la cama. Que se pregunta que es lo que esta haciendo y te echa desesperadamente de menos.