Publicidad:
La Coctelera

anonimamb

9 Octubre 2006

De nuevo ha amanecido

¿Recuerdas? Cuantos amaneceres nos hemos contado, vivido juntos. Hoy ha amanecido gris, como a ti te gusta y aunque ya no puedo ver el reflejo del sol frente a mi ventana, puedo imaginarlo, apagado, rodeado, medio oculto entre nubes.

Me pregunto si llegará una mañana en que no piense en ti nada más despertarme. Hace tanto que eres mi primer pensamiento del día y el último antes de dormirme que ya no sé que podría pasarme por la cabeza. ¿La lista de la cantidad de cosas que me esperan para hacerse? ¿Las últmas imágenes de un sueño? ¿Los recuerdos tristes o agradables, que la vida me cree? Será extraño, habré perdido algo de mi misma.

Los días se suceden, lentos, arrastrandose y aún así hoy hace un mes de nuestra última conversación. Esa que desearía olvidar y que no puedo. Tus palabras estan enterradas en mi cerebro, como en un cementerio maldito, que escupe ahora un brazo descarnado, una mano horrenda, el hueso de una mandíbula. Sí, es cierto, siempre has dicho que tengo una parte demasiado dramática. Pero tus palabras siguen hiriéndome. Retornan a la superficie de mi alma y estallan, una y otra vez.

Quisiera ser absolutamente sincera en este medio en el que soy anónima, que no llegara a ti. Necesito que las palabras que gritan en mi mente, salgan, se viertan, corran como ríos, lejos de mí. No quiero edulcorarme, ni perdonarme. Contigo he descubierto cosas de mi misma que no me gustan, pero son. Que no creí que fueran posibles en mí, pero son. Esa soy yo.

Anoche después de mucho tiempo evitándolo, alejándolo de mí, diciendo no, no quiero, él (siempre lo hemos llamado así, negándole el nombre y la presencia en mi vida, cuando es tan importante. Es injusto, su único delito es no mirar, no entender, no saber... No, más bien, no querer saber)él, aprovechó que yo ya dormía para acercarse a mí. Desperté sintiendo su mano en mis bragas, bajándolas, con tanto cuidado, con tanto miedo de despertarme. No sé si puedo escribir sobre esto. De como permití que me usara, sencillamente. Que me penetrara cuatro, cinco veces, hasta que se corrió dentro de mí. Sus palabras susurradas antes de hacerlo: ¿No tienes ganas? El no ahogado de mi voz y mi cuerpo inerte, permitiendo, permitiendo... Para quedarme después, así sin moverme, de lado, agarrada a la esquina del colchón, sintiéndome miserable y también, tú no lo entenderías, no verías más alla de la tristeza del acto, una profunda lástima por este ser que una vez quise, o me convencí que quería, que es lo mismo, ilusión de ilusiones, que era capaz, después de todo lo que hemos compartido, de conformarse, de usar un cuerpo muerto. Y girarse y echarse a dormir.

Aquí estoy y apenas he dormido, unas horas en el sofá, por que no soportaba quedarme en esa cama, escuchando tu voz, colérica, fría, acusándome en mi cabeza. Culpable ante tanta gente que me importa. Culpable ante mi misma. Dolorosamente consciente de que ya no quiero nada, ni de ti, ni de mí, ni de nadie.

servido por anonimamb sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Fotos

anonimamb todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera