Y sigue la vida.
La verdad es que hoy no estoy de muy buen humor y no sé que hacer. Mi vida privada y personalísima es un caos del que ya no sé como salir. No tengo ganas de resolver asuntos que se han vuelto irresolubles. Todo continuará igual decida yo lo que decida. Y en estos momentos es cuando más le echo de menos. Aunque sé que la ecuación se complicaría muchísimo más y que me sentiría muchísimo peor.
Han pasado ya dos años y sigo echándote de menos. No sé si a la persona que eres o la que yo creí que eras. ¿Que importancia tiene eso? Te quería, quien quiera que fueses. Y me hubieras comprendido antes de que los celos arrasara la idea de que podía contártelo todo. Siento haberte perdido como amigo, aunque no pueda sentir haberte amado, haber conocido tu piel, tus ojos y tus manos. No he sido yo misma desde entonces. ¡Qué selectiva es la memoria! Pero las duras palabras finales, no pueden borrar tres años de largas conversaciones. De felicidad compartida. De amor.
